sábado, 6 de julio de 2013

Ética en el docente

La conferencia comenzó con un video que narraba la siguiente escena: un hombre que operaba un puente ferroviario se ve de pronto ante una encrucijada, dado que accidentalmente su hijo cae a las vías. El hombre tiene que decidir entre salvar a su hijo o a todos los pasajeros que viajan en el tren. Escoge esto último. Jala la palanca. El niño muere.

Esta escena de melcocha melodramática, digna de algún programa sentimentaloide de Televisa, inauguró una clase conferencia, titulada “Ética en el docente”, en las Jornadas de actualización docente de la Uady. El video terminaba con una cortinilla que decía: “La salvación de todos requirió el sacrificio del hijo amado. Jesús puede ser tu salvador”.

Si bien la falta del expositor es grave (dado el espacio laico de la Universidad, la pluralidad de creencias y no creencias de los docentes), es todavía más penoso ligar la Ética con la religión de origen judeocristiano como si fueran una misma cosa. Y más aún lo es ligarla a la idea del sacrificio. “No me voy a meter a filosofar sobre la ética”, dijo el expositor (y lo cumplió al pie de la letra), con el fin de abordar “cosas prácticas de nuestra vida laboral” (Qué peligrosa se ha vuelto esta tendencia de ignorar cualquier tipo de marco teórico- conceptual bajo el pretexto de ser ameno, lo cual no es más que un bello disfraz de la ignorancia).

Y así, un tema profundo, con una gran diversidad de matices y perspectivas desde las cuales se pudo abordar, terminó diluyéndose en una serie de preceptos morales del buen profesor; un instructivo de lo bueno y lo malo, un manual del docente decente a decir del particularísimo punto de vista del expositor.

Uno de esos preceptos planteaba el siguiente caso: un coordinador académico se indignó sobremanera ante la respuesta de uno de sus profesores cuando aquel le preguntó a éste por qué no se había quedado a la junta de academia. La respuesta del profesor había sido: “porque estaba fuera del horario de mi trabajo”. Esta razonable y válida respuesta terminó por indignar al expositor quien alegó la falta de ética profesional del profesor, añadiendo además esta joya verbal: “Al maestro nadie lo obligó a trabajar. Nadie lo obligó. Está allá porque quiere”. Supongo que el expositor se olvidó de la realidad socioeconómica o, peor aún, del país en el que vivimos.

Siempre será una injusticia que alguien trabaje más de lo que reciba como pago. Siempre. La verdadera ética profesional del docente consiste en no cerrar los ojos ante esta realidad. La verdadera ética del docente consiste en criticar, cuestionar, en buscar que las cosas cambien. Si un profesor no llega feliz los lunes a dar clase es por el sueldo paupérrimo, por el desvelo, por la cantidad de horas de clase que tiene que dar para alcanzar un sueldo digno, por la falta de apoyo de las instituciones, por la deficiencia del sistema y por los tristes planes y programas de estudio que tiene que llevar (no por falta de profesionalismo, como dijo el despistado expositor).

La verdadera corrupción estriba en pararse a hablar de un tema que no se conoce, y en querer verle la cara a un público docente cuyas instituciones de procedencia pagaron por un servicio. Es una vergüenza que la Universidad se permita este tipo de charlas, sobre todo en el marco de un encuentro académico.

Posdata: A propósito de ética, parte de la información del expositor fue tomada de El Rincón del Vago.

josecastillobaeza@gmail.com