miércoles, 24 de septiembre de 2014

La descalificación en el periodismo

Hoy en día es muy fácil expresar una opinión que sea escuchada o leída más allá de nuestro círculo personal. Las redes sociales se han convertido en amplificadores que disparan la voz hacia latitudes impensables. Así, un juicio a la ligera, un chisme o un comentario pueden luego convertirse en memes o ser tendencia en Twitter. De aquí que, recientemente, hayan proliferado campañas que promueven la responsabilidad en internet y en las redes.
A pesar de ello, no hemos aprendido el alcance y las consecuencias que tienen nuestras palabras. Es como si nuestra necesidad de figurar nos llevara a decir cualquier cosa con tal de estar en línea, ser leído o escuchado. Nuestra pobreza espiritual puede llevarnos a hablar desde las vísceras con tal de ganar atención, pero las palabras significan más allá de lo que decimos textualmente.
Esto que menciono viene a cuento porque un portal informativo publicó el domingo pasado una nota (o artículo, vaya a saber usted) en la que la descalificación gratuita constituye la tónica más allá de la información o los argumentos. En dicho texto, en el que se emiten juicios sin sustento contra la Universidad Modelo y contra su rector, el autor denuncia que la carrera organizada por dicha institución con motivo de su aniversario, no respetó a los ciclistas y a los habitantes de la comisaría de Cholul.
El motivo principal de su nota pasa a un segundo plano porque lo que realmente prevalece en sus palabras son la descalificación y el dolo. La nota escribe, por ejemplo, "universidad" Modelo, donde las comillas no tienen razón de ser y sí, por el contrario, ponen en entredicho el carácter y el status de la institución. Más adelante, el autor califica como "patito" a la Universidad Latino, escuela que no tenía nada qué ver con el asunto en cuestión. ¿Bajo qué criterios o argumentos se descalifica a dos instituciones poniendo en entredicho su calidad educativa? ¿Según quién o desde dónde puede decirse algo así en un portal que se dice informativo? ¿Por qué dice "niños" en vez de referirse a estudiantes universitarios?
El asunto no acaba ahí: Lliteras refiere una anécdota personal en la que involucra al ingeniero Carlos Sauri Duch, rector de la Universidad Modelo, con el fin de ampliar sus descalificaciones, sin que exista alguna correlación entre la anécdota y lo supuestamente criticable. Sí hay, en cambio, una serie de falacias. No le vendrían mal al autor unas clases de Lógica en alguna Universidad con mayúsculas, puesto que tomar el lema de la Escuela Modelo, "Para sí, para todos", y quitarle toda su carga semántica e ideológica para decir que "es más bien aplicado a la mitad: Para sí y no más Para sí", habla de una gran falta de profesionalismo. No hay datos ni argumentación ni investigación periodística. Pero aún hay una confusión más grave: las personas no son las instituciones.
Bien decía mi maestro Luis Castrillón que nunca será aconsejable escribir desde el hígado si antes la información no es procesada por la cabeza. Insisto: las palabras significan más que el sentido que les damos; hablan también de nosotros y de nuestras carencias o anhelos. Es por ello que hay que cuidar que nuestras vísceras no salpiquen eso que estamos intentando decir.
Más allá de todo ello, quisiera agregar que entre la oferta educativa de la Universidad Modelo se encuentra la carrera de Comunicación. Ahí se imparten clases de periodismo.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Instrucciones para desobedecer


Emmet es un obrero que cumple su rutina de acuerdo a lo que la sociedad exige de él: se levanta temprano, trabaja de 9 a 5, come en restaurantes- franquicia, escucha la música de moda y no se sale un ápice del guión de vida marcado para la clase media. Para Emmet vivir significa seguir un manual de instrucciones donde incluso existe una solución para los imprevistos. Así, un día tras otro las mismas cosas, la misma comida, los mismos hábitos, los mismos pensamientos...

Emmet es doblemente un personaje de ficción. Primero, por ser el protagonista de una película que, en un principio, no parecía ser más que un pasquín publicitario. Segundo, porque se trata de un personaje hecho de piezas ensamblables. Dirigida por Chris Miller y Phil Lord, el filme cuenta la historia de un obrero constructor que un buen día se ve en el aprieto de crear ideas originales ante la amenaza del "Señor Negocios", magnate de la ciudad cuya obsesión por el orden le ha llevado a querer fijar con pegamento todas las piezas de Lego que constituyen ese universo. Para lograrlo, el "Señor Negocios" ha ido capturando a los "maestros constructores" (seres que generan movilidad y cambio al tener la capacidad de crear cualquier cosa que genere su imaginación).

Así, el primer reto del grupo de rebeldes que se resiste a quedar fijado para siempre, será lograr que Emmet abra los ojos, pues debido al bombardeo publicitario y la rutina paralizadora a la que se ha visto sometido desde niño (cualquier parecido con la realidad es siempre obra de la ficción), no entiende qué tiene de malo su mundo.

El sorpresivo final de la película incluye juegos metaficcionales y una bella metáfora que llevará al personaje a mirar por encima de la cultura para observar su mundo sin prejuicios y sin sesgos ideológicos, lo cual le coloca en posibilidades de emprender un cambio real y auténtico. En este sentido, el discurso es muy original tomando en cuenta que, en estos tiempos, la transgresión no es otra cosa que un cambio de molde por otro (en apariencia más novedoso) pero molde al fin.

En las más recientes películas de animación más comerciales, el discurso suele girar en torno a ideas como: adaptarse, encontrar una especie de fuerza interior, creer, luchar por un ideal, etc. En este sentido "Lego" va contracorriente incluso en la forma; la animación es totalmente distinta pues al estar todo construido de piezas diminutas, se hace evidente el mundo como construcción artificial ( como si la realidad mostrara sus costuras) . Es decir, en todo momento se refuerza la idea de que las cosas nunca han sido eternas y que, por lo tanto, el sujeto es capaz de transformar ese entorno que siempre se enmascara de inmutabilidad.

Si bien la película no deja de ser un inteligente y original comercial de una marca que ha monopolizado los juegos de piezas armables , y que hay en ella cierto aire de mesianismo y recursos sacados de la manga, lo cierto es que encierra conflictos existenciales del ser humano barnizados con un buen tratamiento narrativo para niños.

En estos tiempos, tendríamos que tener una educación que también nos enseñara a desaprender, una educación que se situara por encima de los prejuicios y las ideas preconcebidas, para mostrarnos, como el personaje descubre, que seguimos siendo títeres de un aparato autoritario y represivo que ama el orden y las instrucciones. Cuando salíamos del cine, Alejandro, mi hijo de seis años, me preguntó: "Papá, entonces ¿Emmet era un muñeco, o no?"