miércoles, 19 de febrero de 2014

Instrucciones para desobedecer


Emmet es un obrero que cumple su rutina de acuerdo a lo que la sociedad exige de él: se levanta temprano, trabaja de 9 a 5, come en restaurantes- franquicia, escucha la música de moda y no se sale un ápice del guión de vida marcado para la clase media. Para Emmet vivir significa seguir un manual de instrucciones donde incluso existe una solución para los imprevistos. Así, un día tras otro las mismas cosas, la misma comida, los mismos hábitos, los mismos pensamientos...

Emmet es doblemente un personaje de ficción. Primero, por ser el protagonista de una película que, en un principio, no parecía ser más que un pasquín publicitario. Segundo, porque se trata de un personaje hecho de piezas ensamblables. Dirigida por Chris Miller y Phil Lord, el filme cuenta la historia de un obrero constructor que un buen día se ve en el aprieto de crear ideas originales ante la amenaza del "Señor Negocios", magnate de la ciudad cuya obsesión por el orden le ha llevado a querer fijar con pegamento todas las piezas de Lego que constituyen ese universo. Para lograrlo, el "Señor Negocios" ha ido capturando a los "maestros constructores" (seres que generan movilidad y cambio al tener la capacidad de crear cualquier cosa que genere su imaginación).

Así, el primer reto del grupo de rebeldes que se resiste a quedar fijado para siempre, será lograr que Emmet abra los ojos, pues debido al bombardeo publicitario y la rutina paralizadora a la que se ha visto sometido desde niño (cualquier parecido con la realidad es siempre obra de la ficción), no entiende qué tiene de malo su mundo.

El sorpresivo final de la película incluye juegos metaficcionales y una bella metáfora que llevará al personaje a mirar por encima de la cultura para observar su mundo sin prejuicios y sin sesgos ideológicos, lo cual le coloca en posibilidades de emprender un cambio real y auténtico. En este sentido, el discurso es muy original tomando en cuenta que, en estos tiempos, la transgresión no es otra cosa que un cambio de molde por otro (en apariencia más novedoso) pero molde al fin.

En las más recientes películas de animación más comerciales, el discurso suele girar en torno a ideas como: adaptarse, encontrar una especie de fuerza interior, creer, luchar por un ideal, etc. En este sentido "Lego" va contracorriente incluso en la forma; la animación es totalmente distinta pues al estar todo construido de piezas diminutas, se hace evidente el mundo como construcción artificial ( como si la realidad mostrara sus costuras) . Es decir, en todo momento se refuerza la idea de que las cosas nunca han sido eternas y que, por lo tanto, el sujeto es capaz de transformar ese entorno que siempre se enmascara de inmutabilidad.

Si bien la película no deja de ser un inteligente y original comercial de una marca que ha monopolizado los juegos de piezas armables , y que hay en ella cierto aire de mesianismo y recursos sacados de la manga, lo cierto es que encierra conflictos existenciales del ser humano barnizados con un buen tratamiento narrativo para niños.

En estos tiempos, tendríamos que tener una educación que también nos enseñara a desaprender, una educación que se situara por encima de los prejuicios y las ideas preconcebidas, para mostrarnos, como el personaje descubre, que seguimos siendo títeres de un aparato autoritario y represivo que ama el orden y las instrucciones. Cuando salíamos del cine, Alejandro, mi hijo de seis años, me preguntó: "Papá, entonces ¿Emmet era un muñeco, o no?"