Entrevista


La mano detrás del guante

Charla con Jesús "Choláin" Rivero


No me di cuenta a qué hora comenzó la entrevista, quizá la razón estribe en que nunca lo fue. Todavía no nos sentábamos mi compañero y yo cuando Jesús “Choláin” Rivero, como en un acto de iluminación (porque hasta el momento no parecía recordar que acordamos la cita por teléfono), comenzó a golpearnos con palabras. Parecía que el botón rojo de la reportera bailoteaba ante las prisas de captar el instante que Choláin había puesto en vigencia y que comenzaba a correr sobre el mismo caballo que sus palabras. Ahí estaba frente a nosotros una figura mítica del boxeo mexicano, el mismo hombre que hizo grande a De la Hoya; la mano que lo mismo enseñaba a un púgil a golpear que a sostener con entereza un libro de Shakespeare o de Marx.

Jesús Rivero habla sobre sus años en la secundaria, evoca los personajes que lo rodearon en sus tiempos escolares pero, sobre todo, trae al presente sus amistades entrañables siempre amarradas a historias que se van sucediendo una tras otra.

Después del relámpago anecdótico la reportera se muestra estable. Miro de reojo la cinta del casete y corre bien. Habíamos sobrevivido a esa primera tormenta gestada en la terraza de don Chucho, quien minutos antes nos había invitado a sentarnos. La camiseta rosa de Choláin se mimetiza con el color de su casa en Mérida. El cabello gris parece alborotarse más con los golpes producidos por el aporreo de la lengua yucateca. Las pupilas de Choláin están rodeadas por un azul de viejo y la barba huele a cicatriz mal-afeitada.

—Venimos a entrevistarle por su carrera en el box…

—¡¿Y por qué no vienen a entrevistarme por mi actividad política e intelectual?! —contesta Jesús Rivero, y no alcanzamos a aprehender la cantidad de ironía que contienen sus palabras—. Me gustaba el box, en la escuela Modelo [en Mérida], en tercero de secundaria había un muchacho que boxeaba: el “Caballito” Ordóñez; nosotros éramos unos chamacos e íbamos a las peleas de Manuel Ordóñez, —buen boxeadorcito— y eso despertó en mí una inquietud. Tiempo después un grupo de amigos me animó —porque me gustaban los pleitos en la calle— y me dijeron: ¿Por qué no boxeas? Y yo dije ¡Ta bueno! Yo estudiaba en el Colegio Americano cuando se organizó un campeonato estatal de box amateur, intervine y gané. Después le pedí permiso a mi papá para pelear profesionalmente; después de cinco peleas mi papá me dijo “Esto ya está…” y me mandó a México, allá también boxeé e hice contacto con peleadores profesionales. Yo estaba interno en la Universidad Militar Latinoamericana. El general Aurelio Calles, quien era mi cuate, me animó a participar en un campeonato amateur del Ejército nacional, allá en el Campo Militar Número uno. Me obligaron a pelear… porque yo no quería, ya había peleado profesionalmente. Después me salí de la escuela, allí terminé el primer año de derecho y, como me gustaba el box y leía box y lo estudiaba, empecé a tener contacto con gente como el “Cachorro” Herrera, Gabriel Díaz, Julio César Jiménez. Después llegó el “Ratón” Macías y yo entrenaba con ellos aunque no volví a pelear profesionalmente. Todo el entrenamiento que tuvo Memo Diez antes de pelear con el “Pájaro” Moreno lo hizo conmigo. En ese tiempo no sólo me interesaba mi carrera de Derecho sino comenzaban a interesarme cuestiones de filosofía, historia y de literatura, y todo esto me fue absorbiendo, poco a poco dejé de entrenar.
—Es entonces cuando usted se convierte en mánager…

—Dejé de estudiar derecho y me metí a la Facultad de Filosofía, después de estar cinco años allá regreso a Yucatán, luego me fui seis años a Campeche para regresar acá a poner un negocio de aluminio. El papá de Guty Espadas sabía que yo tenía nociones de boxeo y quiso que yo fuera a observar a su hijo al gimnasio donde entrenaba; en ese gimnasio estaba Canto y él me dijo: “Yo quiero que usted me enseñe lo que le enseña a Guty”. Así empecé a entrenar peleadores.

—¿Cuál cree que fue la fórmula para hacer triunfar a los boxeadores que estuvieron en sus manos?

—No todos mis boxeadores han sido ganadores, muchos han fracasado… he tenido suerte; algunos han sido disciplinados y además tuve buenos peleadores, tenía a los mejores: el “Zurdo” González, Baquedano, Garma. Y la realidad es que los otros manejadores no enseñan. En el boxeo como en cualquier momento se necesita gente que sepa para poder enseñar y hacer figuras. Puedes ser un peleador muy fuerte, valiente, rápido, pero si no tienes técnica a lo máximo que puedes llegar es a un determinado nivel, después de ese nivel ya no vas a pasar más allá. No se puede enseñar boxeo si no se conoce la historia del box porque en la historia están las técnicas del boxeo. En los años veinte se sale del boxeo rudimentario y aparece el primer boxeador técnico Jim Corbett, el primero que utiliza el yap y el movimiento de piernas… entonces, si conoces la evolución del box, si lo has practicado y si lees puedes enseñar. En cambio si eres un campeón mundial sabrás hacer muchas cosas pero para enseñar no tienes la menor idea. Ellos dicen “haz esto” porque a ellos se los dijeron, pero no enseñan el porqué de las cosas. Esto no pasa solamente en el box, pasa en el futbol, en todos lados… ahí está el caso de Baby Ruth, un gran pelotero que no pudo enseñar a nadie. Incluso mis boxeadores no han podido hacer boxeadores nuevos. Si un campeón no puede, imagínate ese tipo de manejadores que jamás se han puesto un par de guantes…

—Usted daba a leer literatura a sus pupilos, ¿por qué?

—Cuando hablo con mis boxeadores les hablo de todo; de literatura, historia, hago comentarios políticos. Por ejemplo, ahorita les estaría hablando de las crisis económicas, de Obama… Yo trataba de despertar en ellos una inquietud para leer. Pero no todos me hacían caso. Cuando peleaba Canto venían periodistas de todo el país; yo le decía a Canto ¡Lee!, para que cuando venga ellos los puedas llevar a Chichen Itzá y contarles…

”El boxeador, desgraciadamente, pertenece a un grupo de muchachos pobres, rodeados de un ambiente raquítico, intelectualmente hablando. Yo a De la Hoya le hablé de mil cosas, le decía: “No sirve de nada que yo te explique a Shakespeare, se trata de que tú lo leas”. “A mí me gusta que usted me lo explique”, me decía Óscar. ¡Hay modorra en ellos! No es fácil; salen con sus amigos y éstos solamente hablan de novias y pendejadas ¡pero no leen! Y no sólo pasa con los boxeadores, ¡pasa hasta con los intelectuales, con los propios maestros! Los maestros estudian para ganarse la vida pero la carrera no termina ahí. Todo mundo conoce, pero nadie se supera. Estamos en un México donde a la gente se le engaña; somos mediocres y eso duele. Y si interviene la religión ¡peor! porque ésta mata todo espíritu científico. Imagina el dominio histórico del cristianismo a partir de que se hace una religión de Estado con Constantino, es la negación total. Y nos hemos pasado 1,500 años explicándonos todo cómodamente: todo es eterno. Con el desarrollo del capital se rompen estos esquemas y se abren las puertas al desarrollo científico que en un principio se da muy lentamente.

—Imagino que en la mente de la figura de boxeador que usted describe pasa la idea de que no sirve de nada estudiar si la vida gira en torno a los puñetazos…

—Claro, muchos se meten de boxeadores para solucionar un problema y salir de la pobreza. Cuando yo le preguntaba al “Chololo” Larios “¿Por qué hay día y noche?”, “No lo sé”, me contestaba. Un campeón mundial que no sabe por qué hay día y noche, qué tristeza.

—Pero, este interés de usted por hacer leer a sus peleadores ¿era porque buscaba una formación integral en ellos, digámoslo así, por su propio bienestar o todo estaba enfocado al boxeo?

—Lo hacía porque pensaba que era mi obligación. Al “Archie” Solís yo le di a leer a Rulfo. A De la Hoya le hablaba de economía política, de Marx… quizá con el tiempo lleguen a decir “Este señor tenía razón y yo de pendejo no seguí”. Mi obligación era tratar de despertar una inquietud por la cultura. Yo cumplí: no sólo enseñé box, les inculqué una conciencia; que sepan qué es México, que sepan de las desigualdades y sus causas. Pero no les interesó.

—Por lo menos a dos de ellos sí. Me gustaría leerle este par de fragmentos: “Si algo aprendí de Cholain como deportista fue la estrategia del boxeo y la responsabilidad. Hay muchos mánagers que se le pasan detrás de sus pupilos para que entrenen, pero él no; si uno de verdad tiene hambre de éxito, como adulto será puntual y constante, no necesita que alguien se lo esté repitiendo a cada momento. Y es que es un tipo muy preparado el Cholain, según recuerdo estudió Filosofía y Letras en la UNAM. De ahí que se volviera un estudioso del boxeo. Me llevaba a su casa a mirar los videos y analizar a los peleadores; es una persona muy metódica, le gusta la estrategia. En su tiempo yo conocí a muchos entrenadores, pero ninguno como Cholain” dice Joe Baquedano. Y Este otro: “La intervención de Jesús Rivero en mi carrera ha sido magnífica porque creo que no sólo me enseñó boxeo, me enseñó a ser un poco más justo y culturizarme; me enseñó cómo hablar ante las cámaras, historia, literatura, me formó como persona y como boxeador”, dice Ulises “Archie” Solís.

—Me da mucho gusto, pero fíjate que Baquedano no habla de la cultura, no habla de mis enseñanzas. Sin embargo, ellos se acuerdan, me da mucho gusto porque me quieren.

—Cortázar decía con respecto al box: “Me interesa el enfrentamiento de dos técnicas, de dos estilos, la habilidad de vencer siendo, a veces, más débil”.

—Sí. Él era aficionado al box, al igual que García Márquez, Hemingway, Spota… ¿Vence el más débil físicamente o el más débil técnicamente? Normalmente se enfrentan la fuerza contra la habilidad. En el caso de Canto casi todos eran más fuertes que él, pero Canto encarnaba la técnica y la velocidad; es la confrontación de los dos estilos de los cuales habla Cortázar.

—Julio Cortázar es un estupendo escritor que amaba el box, usted es un estupendo entrenador que ama la literatura…

—Hay una simbiosis entre cultura y deporte. Yo di una conferencia en alguna ocasión donde dije: “Yo vine a hacer de De la Hoya un humanista”, con respecto a la relación entre deporte y cultura. En esa ocasión un intelectual nicaragüense me preguntó lo mismo que tú me preguntas ahora, y yo le dije: “No hay nada raro”. En una sociedad normal, digo, no corrompida, el mundo físico y el intelectual son una misma cosa; los griegos clásicos conjugaban el cuerpo y el espíritu y tanto una cosa como la otra eran igual de importantes. Con la instauración del cristianismo le dan un tajón al ser humano y la figura del ser queda prohibida. Todo lo que pasa ahora es la expresión de un mundo podrido.

Los ojos de don Chucho comienzan a brillar más, pide que le traigan un libro de poesía y ahí, en la terraza comienza a recitar. La voz aguardentosa no rompe la dulzura de las palabras. Se emociona y se levanta de la silla, pide que apaguemos la grabadora por unos minutos…

—Se ha hablado de que De la Hoya era un peleador rústico y hasta atrabancado antes de entrenar con usted. ¿Lo cree así?

—Estuvo mucho tiempo en el boxeo amateur y éste es muy rudimentario. Él tenía muchas fijaciones porque el box profesional ha heredado muchos males del amateur, por eso está en decadencia. Óscar era muy limitado, y hubo que quitarle muchísimos vicios que a él le impedían ser un peleador de primer nivel. Tenía la ventaja de la estatura. Mira, puedes tener las manos abajo y nadie te va a tocar, para eso sirve la técnica y Óscar no sabía aprovechar su estructura física. Yo transformo desventajas en ventajas. Cuando De la Hoya llegó a mí querían que pelee contra Chávez y yo dije que no, que todavía tenía que aprender muchas cosas. Pasó algún tiempo y entonces ¡ahora sí! ¡Que contraten la pelea! Julio César Chávez es un peleador mediocre y la gente no lo sabe porque la televisión engaña pero, sin duda, él no es el número uno; hay diez peleadores mejores que él. De la Hoya trató a Chávez como un chiquito y lo noqueó. Chávez no le dio un sólo golpe porque es un mediocre.

Choláin se levanta y dirige la mirada hacia mi compañero. “Es que tengo que mostrarles para que sepan…” Y entonces comienza a instruirnos. “¡Vamos, si te paras así te voy a botar nomás con la vista, fíjate bien!” El cuerpo de don Chucho rejuvenece y comienza a moverse con velocidad alrededor de Alejandro. Lo tira al piso de un empujón, lo levanta, vuelve a empujarlo. Mi compañero se para mejor. “¿Ya ves? Así no te caes”…

—Y sobre el boxeo en Yucatán ¿augura usted un posible resurgimiento?

—Podría darse: el auge y la decadencia son procesos cíclicos. Es muy difícil predecir; pueden venir grandes entrenadores y quién sabe… la materia prima siempre existirá. Mucha gente pobre se refugia en el box para salir de su situación. Si surgen personas que enseñen, entonces vendrá el auge. Mira, el box tiene mucho desprestigio, hay mucha mafia y hoy en día la podredumbre está disfrazada; las facultades no llegan porque les cierran el paso.

El sol comienza a pegar en la cara don Chucho, se cubre con la mano izquierda mientras habla, y la voz apasionante comienza a perder vigor. El manager está cansado y no solamente de la larga charla.

—¿Qué busca Choláin ahora desde el retiro?

—Ya ni me entreno a mí mismo. Sólo veo, comento y nada más. Me da mucha tristeza. Hace algún tiempo me hablaron para invitarme a colaborar con el boxeo en Yucatán. Di algunas opiniones… Puede hacerse mucho en la capacitación de entrenadores pero uno ha sufrido demasiadas ingratitudes y eso hace que te vuelvas indiferente. Ahora tengo cosas más importantes que hacer y debo hacerlas porque ya voy de retirada. A ver si terminamos algunos escritos… Bueno, ¿ya estuvo? Mmm… ¡liquidados!




Escribir a golpes

Entrevista a Óscar Oliva


Leer a Oscar Oliva significa, juro que es verdad, adentrarse en una Realidad Cruzada de Rayos. No bastándole al poeta el estallido con el que cada rayo (así, por separado) lubrica la percepción humana, se empecina en fabular la luz; en tejer el asombro con el trueno que se nos mete por los ojos atascándonos, como diría él mismo, de cielo. Porque no es sino a través de la contemplación que Óscar Oliva entiende el instante poético; por medio de su verso, imanta las diversas caras de la realidad para, luego de ser seducidas por la imagen, obligarlas al diálogo, orillarlas a volver pero ya impregnadas de saliva, de gritos.

-Maestro, a 50 años de la publicación de “La espiga amotinada” ¿Qué pensamientos le genera ver, desde la distancia, aquel movimiento poético?

Había en nosotros la necesidad estética de transformar los estereotipos de la poesía mexicana de entonces. Trabajábamos en correspondencia a la vitalidad que se estaba dando y gestando en los movimientos sociales genuinos como la huelga de los ferrocarrileros (1958-1959), que estremecieron al país, y dar este estremecimiento con formas poéticas que rompieran los viejos ropajes, por más hermosos que fueran, pero que ya no correspondían al espíritu, violento, de la época. Sin abandonar los temas más subjetivos y personales, de paisaje, de amor y solidaridad, dentro de una especie de evangelio furioso. Había que escribir poesía casi a golpes. Escribo como escupo, nos enseñó Blas de Otero.

Por supuesto, La espiga fue un arranque. Y aquellos jóvenes poetas con los que conviví intensamente, son, aún, parte de mí mismo.

-Los detractores del grupo de “La espiga...” se encargaron de encasillar a sus miembros bajo la etiqueta de estar comprometidos con una causa política. Hoy, a 50 años, ¿Qué fue lo que aportó, “La espiga amotinada”, literariamente hablando, a las letras mexicanas?

Claro que hubo detractores. No era posible que un grupo de jóvenes poetas tuvieran como arranque emotivo las luchas guerrilleras, la revolución cubana, comprometiéndonos con la historia agitada del momento. No era posible que no siguiéramos los caminos de la poesía con sonido crepuscular, ni la de las baratas confesiones existenciales, aunque estuvieran en los labios ya gastados de buenos poetas. ¿Lo que aportamos? Tal vez la cólera y el odio a una situación dada, ya muy enferma como país. Y el querer encontrar la sorpresa en todas las cosas, las más nimias y las más grandes; con los fuertes sonidos de las noches y de los amaneceres.

-¿Cómo sintetiza usted los aprendizajes que tuvo cuando estaba dentro del grupo? ¿Qué le aportaron a su trabajo individual?

Fue mi mejor escuela. Aprendíamos unos de otros, y muchos descubrimientos poéticos y artísticos los hicimos juntos. Aprendí a manejar una furiosa autocrítica. Que el oficio de la poesía es un trabajo permanente, para siempre. Mi trabajo poético está lleno de ellos, Juan, Jaime, Laco, Jaime Augusto. Me enseñaron rigor, precisión, descubrimos juntos a Elliot, a Pound, Perse, Vallejo, Góngora, Rilke, Rimbaud...Cuando obtuve el Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes dije a un periódico: “Todo se lo debo a mis manageres”.

-En una entrevista publicada en La Jornada, Juan Bañuelos cuenta que usted junto con Eraclio Zepeda (y el propio Bañuelos) acostumbraban ir de jóvenes a escuchar recitar poesía en los bailes chiapanecos. ¿Relaciona usted directamente este hecho con el carácter conversacional, narrativo de su producción poética individual?

No. Para nada. Lo que dice Bañuelos es una anécdota, una cuestión graciosa. No me gusta mucho la poesía conversacional que se hacía en Cuba, Chile o Nicaragua. Lo narrativo viene a mi poesía por otras fuentes. Tal vez de Catulo y Juvenal, de Efraín Huerta y Jaime Sabines, y de las novelas y cuentos de José Revueltas. Lo que trataba de hacer era una mezcla de lo que me habían dado los autores antes señalados, con la llama herida de Quevedo y la noche oscura del alma de Juan de la Cruz. Esa era mi intención. Esa sigue siendo, pero ahora tratando de captar el espíritu actual de lo que estamos viviendo, con la velocidad con la que vivimos, atento a lo poco que puedo entender de la ciencia, de la tecnología, de los cambios, furiosos, de la naturaleza. De las nuevas guerras de aniquilación y de la violencia del narcotráfico y de los estados nacionales, dizque democráticos. De las ciudades pánico, de Paul Virilio.

-De su trabajo poético se ha afirmado que es “subrayadamente corporal”, una “poesía del cuerpo”. Al mismo tiempo, se dice que sus poemas cantan a una realidad histórica y colectiva. Sin embargo, destaca también la conciencia del acto creativo por parte del yo poético ¿Cómo entiende usted esta relación entre el poeta que escribe (y que se sabe escribiendo), su tradición y la propia individualidad?

Sí, creo que así ha sido. El poeta siempre debe estar sumergido en las nuevas realidades del desastre y de las nuevas pasiones con las que nos despertamos a diario. Y tratar de aprender cómo funciona nuestro pensamiento poético, cómo se genera en el lenguaje, cómo se hace conciencia oscura o clara, es lo de menos, en al acto creativo. En mi obra actual estoy tratando de desentrañar todo esto, apoyándome en lo vertiginoso de la información y del conocimiento, para estar en el encuentro y en el desencuentro del ethos nuestro, de todos, verdaderamente planetario; en la estancia del tiempo, que diría Paul Celan.

No queda sino cerrar con las mismas palabras que utilizó el maestro Oliva al final del discurso que pronunció en 1990, cuando recibió el Premio Rosario Castellanos por parte del gobierno de Chiapas: “Como poeta, trataré de ser un cronista de todo lo que sucede, sabiendo de antemano que la realidad es lo que no sabemos nunca. El mundo está abierto. Resplandece bajo las alas de un pájaro en vuelo”.

Por esto!, 19 de marzo de 2010.



El duende y el dragón: los espejos del oficio
Charla con Alejandro Filio


Primero asomó la cabeza y, tras un breve esfuerzo, sus manos alcanzaron a colgarse de las cuerdas. Luego se columpió un par de veces y ya con el impulso suficiente pudo salir de la boca de la guitarra. Caminó por el mástil, mientras la primera cuerda, delicada y gritona, le observaba detenerse, de vez en vez, en algún traste que guardara secretamente el sueño celoso de un sonido. Luego de dejar atrás la cejuela llegó a la punta del clavijero, desde ahí miró con cierta nostalgia el cuerpo de la guitarra quien a su vez emitió un La sombrío y quejumbroso. Prometiendo fervientemente volver, Alejandro Filio saltó...

Antes de encontrarse conmigo convivió con sus familiares, quienes esperaron el final del concierto para saludarlo en el vestíbulo del Centro Cultural Dante.

“Es que no siempre vengo a Yucatán –se disculpó- y cuando vengo me asusto, porque los veo cada vez mejor y yo me veo más viejo”. Luego de pedir un whisky, Alejandro Filio se sentó en la mesa…

—Desde mi punto de vista su canción se divide en dos grandes líneas, una que está cargada de un fuerte contenido social y otra más íntima y lírica ¿Cómo ve usted la relación entre estos dos planos en su música?

Excelente pregunta y sobretodo muy bien planteada, porque de eso te iba a hablar. Las dos vertientes tienen mucho que ver con el amor. Cuando se habla de amor se habla siempre del amor de pareja, del amor romántico, del amor de hombre a mujer…el amor es otra cosa; los seres humanos estamos hechos para el amor y el amor no es solamente romanticismo. Amar a tu país, amar a tu gente, a tu continente es un tipo de amor que es imperante en este momento rescatar. Las dos vertientes que manejo están relacionadas con el amor, entendiendo éste como una necesidad esencial en nuestro tiempo. Y ese es el rescate que hago por medio de las canciones. ¿Qué es lo más cotidiano? Lo común para la gente es el amor a la pareja, a los hijos…despertar esa conciencia de amor va a despertar otras conciencias después y va a comprometer a las personas, por amor, cambiar un poco lo que está pasando dentro del país, dentro del continente, dentro del mundo. Esa es la labor de esta canción: despertar la sensibilidad, la conciencia y el compromiso.

—Otro de los temas que resaltan en su música es la reflexión del creador sobre el acto creativo. En algunas canciones de este corte, casi siempre aparece la figura de un duende ¿Qué significado le otorga a este hecho?

“Cuando pongo el oído en la almohada y ese duende me abraza los pies…”, “si de noche me asalta el deseo del duende aburrido”…Realmente son dos figuras, el duende y el dragón. El duende es el que despierta la sensibilidad en mí, la inquietud; el duende inquieto que está detrás del postigo buscando la canción, es un hiperactivo que está detrás de la creatividad, ese duende me encanta. Y el dragón es el que lo está amenazando constantemente, es decir, la condición humana que nos hace caer y nos hace romper la congruencia de lo que decimos y de lo que somos. Aceptar la condición humana, aceptar al dragón es saber convivir con nosotros y es indispensable para poder disfrutar al duende. Vamos, yo me he esmerado mucho en estos temas del antagonismo humano, del choque, del mí contra mi constante y lo plasmo en las canciones. Busco la canción. Hablo del duende, hablo del dragón y hablo de las canciones como el espejo de mi oficio. Me lo recuerdo constantemente y además lo dejo como testimonio hacia los demás, es algo así como comprometerte.

—En las canciones de corte social, pienso en Hermano lobo por nombrar alguna, hay un manejo muy elegante de la ironía ¿es un recurso que usted usa a propósito?

Creo que a veces me paso. Hay canciones en las que Maru, mi esposa y la persona que más me conoce, me ha sugerido no ser tan mordente o no ser tan filoso. Lo hizo cuando compuse la de Arjona (El Reino de los Ciegos) y también cuando hice Para la Historia, en donde critico a los compositores nuevos que hablan y dicen traer la verdad en las manos cuando ni siquiera han aprendido a caminar. No saben lo que tienen en las manos cuando están criticando a los que estamos tratando de hacer algo. Y esto es un reflejo visceral del compositor, es algo que no se puede evitar. Para todo lo crítico y radical que soy en mis convicciones creo que he dicho poco; me controlo bastante, lo digo honradamente. Creo que puedes contar las canciones en las que soy violento o agresivo. Y eso genera una reacción en la gente; hace un rato se me acercó un chiquito y me dijo “Oye, habiendo tantos ídolos desechables ¿por qué tenías que tomar a Arjona?”. La ironía es totalmente consciente, soy una persona filosa, ya ves que soy sobrino de Cholo. El y yo nos pitorreamos de nosotros mismos sólo con la mirada, sin necesidad de hablar. Ese tipo de ironía la utilizo mucho en las canciones para despertar en los que la perciben una conciencia, aunque no todos somos iguales en cuanto a sensibilidad. A algunos los despiertas con mero romanticismo, a otros los despiertas por medio de la conciencia social, a otros por medio de la protesta o el anarquismo, otros por medio de la ironía fina, etc.

—Un maestro de periodismo nos decía que no debíamos escribir desde el hígado a la pluma, sino más bien desde el hígado pero haciendo una parada en la cabeza para después, ahora sí, llegar a la pluma.

Claro. Tengo otra canción que habla de televisa “y va cantando, es una estrella más de las del alto, no de las del canal”, entonces, al fondo, la guitarra tararea la tonadita ésta famosa. Es un detalle sutil que no perciben muchos, sin embargo inconscientemente saben de qué estoy hablando. Creo que obligatoriamente un compositor no puede ser inocente. Por eso entre compositores nos trenzamos: si hay una crítica de Esquivel hacia Filio, él tiene que esperar una crítica de Filio hacia Esquivel. Si hay un comentario mordente de Manzanero hacia Filio, él tiene que esperar un comentario. Por eso hoy que estaban hablando de la frutería, decía yo “pues uno de tus proveedores, el que te trae las manzanas fue el único que no quiso estar en mi disco de Un Secreto a Voces…”

—Siguiendo con esta tónica de lo social, sobra mencionar la presencia de Silvio en tus canciones pero ¿Qué es lo que particularmente tiene una mayor influencia sobre ti?

Mucho. Yo lo menciono en una canción “la canción de Silvio como espejo…”, “se acerca un tiempo de conejos”, son figuras en donde aceptas que existe un maestro y que a través de tu canción debes perpetuar para la trascendencia a través del tiempo de este Silvio que no se puede acabar. Que todos lo critican hoy en día, que ya no escribe como escribía, que ya no hace lo que hacía…no entienden que un gusano se vuelve mariposa y un cantautor se vuelve poeta, Silvio es un poeta. Yo lo defiendo a capa y espada aunque no soy amigo íntimo de él, sé que hay mucha gente que le habla muy mal de mí y tratan de meter cizaña entre Silvio y Filio cuando, en realidad, hay un gran abismo generacional primero, social después y, bueno, él vive en una isla y cuando entra a Estados Unidos se lo recuerdan. Lo que tengo de Silvio Rodríguez es todo lo que él creó como cimientos para lo que hacemos; tanto Fernando Delgadillo como yo coincidimos en que Silvio es el cimiento.

¿Qué tanto piensas en “poesía” a la hora de hacer las canciones, partiendo del supuesto de que una canción no necesariamente es un poema musicalizado?

Claro, por eso lo hago al mismo tiempo. Es decir, yo trato de ambientarme con la música; si voy a hablar de una canción triste padezco de los dolores ¿Cómo dice?...“yo también canté en tonos menores, yo padecí de esos dolores” dijo Silvio con toda verdad. Creo en la melodía completamente, es la clave de la canción y muy pocos hoy en día lo saben. La melodía es la que se mete en el corazón. Los italianos nos vinieron a enseñar que las sílabas cortas y brincando son las que piden el gancho comercial; Joan Bach, Lennon y McCartney eran los genios de las melodías (Dylan tenía mucho mensaje pero poca melodía) y son los maestros de Silvio y Silvio es mi maestro. Entonces creo que la melodía hace que la canción sea redonda y llegue a donde tiene que llegar y con el mensaje que tiene que llevar.

—Es muy tarde y no pretendo quitarte más tu tiempo, ya por último…en este mundo que cada vez se descompone más de tanto giro acelerado ¿Para qué sirve la utopía? ¿Por qué todavía debemos creer?

Rescatar el alma es una necesidad, no es una utopía sino un fin. Cuando llegue la pandemia verdadera (no la que nos vendieron) nos vamos a dar cuenta de que es mucho más importante el alma. Cuando haya un tsunami gigante y venga la ola entonces vamos a recapacitar que no es mi casa, ni mi coche, ni el dinero lo que vale. Si me cubre una ola mi carne se quedará flotando pero mi espíritu va a seguir existiendo en algún sitio. Para estar prevenidos tenemos que seguir cantando, seguir cantando lo que cantaba Silvio, lo que cantaban Lennon y McCartney y lo que sigo cantando yo. Y no me pongo al nivel de ellos, simplemente estoy en la cola.

…Y se hace tarde para volver a la guitarra.

Por eso!, lunes, 5 de enero de 2009.




La enseñanza de la locura
Entrevista con la doctora Nilda Blanco


PRÓLOGO

Lo primero que habría que decir es que yo no realicé esta entrevista, sino más bien mecanografié unas hojas que me vendió un niño a quien yo vi salir de una librería de viejo en la ciudad de Mérida. Caminando sobre la calle 62, las hojas amarillentas parecían querer huir de las manos infantiles. Yo me acerqué por curiosidad y aquel niño me ofreció el manuscrito a cambio de unos pesos. Aquel suceso extraño hizo que yo me dedicara a extraer de aquellos papeles viejos la sustancia escrita y casi ilegible. Fue entonces cuando solicité la ayuda del doctor Rubén Reyes Ramírez, quien logró proporcionarme información y contexto de la entrevistada luego de algunas arduas tareas filológicas y largas noches de desvelo dedicadas a la investigación. El doctor Reyes encontró en el manuscrito la representación gráfica de un tipo de habla trepidante y correteada, una lengua cervantina.
Limitando mi trabajo a organizar y dar forma a esta entrevista, no he de referir los datos de la entrevistada, puesto que se trata de un lugar común en todos los textos de este género periodístico. Por lo tanto, me parece que no es necesario que el lector se entere que Nilda Blanco se doctoró en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana, ni que sus investigaciones versen sobre Cervantes, la literatura del Siglo de Oro español y, de manera muy especial, sobre El Quijote. Innecesario será también referir que Nilda Blanco ha dedicado su vida a la literatura, que ha aprendido muchísimo de sus estudiantes y que, con el pasar de los años, las distintas generaciones, los distintos puntos de vista han enriquecido su existencia.


CAPÍTULO I
De cómo Nilda Blanco habla sobre la docencia y la investigación


—A lo largo de su carrera profesional ha alternado la docencia y la investigación ¿De qué forma ve usted la relación entre estas dos actividades?

Es total y absolutamente imprescindible para un profesor investigar. Si tú no investigas y no te pones al día te quedas atrás, y una clase nunca puede ser igual a otra ¡nunca! El profesor que se atiene solamente a un plan de clase, a una lectura refrita todos los años con el mismo aceite, pues naturalmente que sabrá rancia la clase. Y ésta hay que prepararla siempre como si fuera la primera vez; es como estar enamorado. Decía mi abuelo: “Todas las noches hay que enamorar a la mujer, si no no sirve”. Pues la clase es igual, siempre tiene que ser como la primera vez en el sentido no de la experiencia (porque la experiencia y el oficio sí que sirven), pero el disfrute sí que debe ser como la primera vez.

— ¿Cómo enseñar literatura en estos tiempos en que se lee muy poco y los medios de comunicación han restringido la percepción humana? ¿Cree que se puede enseñar la sensibilidad?
Yo creo que sí. Sancho es todo un ejemplo porque él es un analfabeto sensible, yo creo que sí se puede y no solamente a través de la literatura. Yo creo que eso se gesta en la crianza, en la casa. La sensibilidad no tiene que ser necesariamente una sensibilidad ante la literatura o hacia la literatura. Es cierto que se lee menos en estos tiempos porque existe la imagen, entonces tenemos que tratar de ponernos al día y utilizar la imagen también para enseñar letras. Hacer ver la diferencia entre lo que es una narración cinematográfica y una narración literaria, y que puedan ver en la literatura otra manera de expresión. Pero no puedes olvidar que el mundo que te ha tocado vivir es el mundo de la imagen, y no es de ahora, de esto hace ya más de cien años porque el mundo de la imagen nació con el cine. Y el profesor debe entender esta relación. En ocasiones tus estudiantes van a ver una película que no tiene nada que ver con lo que enseñas, tú debes ir a verla también. Porque algo puedes sacar de esa visión cinematográfica que te permita enlazar la literatura. De todas maneras, yo creo que el amor por la literatura y la sensibilidad empieza por los cuentos infantiles. Los padres tienen que leerles a sus hijos. Claro, tú podrías decirme “los padres ya no tienen sensibilidad” pues, bueno, la sociedad debe encargarse de eso; hacer que los niños tengan narradores orales de cuentos infantiles porque eso es fundamental, es como un hábito, aunque la literatura es también un vicio y una adicción. Si te acostumbras a tener un libro en la mano o a ver que en tu casa los libros son respetados, llega un momento en que no puedes vivir sin los libros.

CAPÍTULO II

Donde se prosiguen las fuerzas con las que Nilda Blanco habla de la enseñanza de la locura

Yo tengo una experiencia reciente allá en La Habana, donde mis estudiantes son más bien trabajadores de la práctica, de la conservación del patrimonio y tienen una edad promedio de 35 años. O sea que hace más de quince años que no estudian. Reiniciar esa tarea de acercarse al libro, de acercarse a esa reflexión sobre lo que lees es una tarea ardua pero no imposible. Depende mucho del interés que pongan los estudiantes, así como el amor que muestre el profesor a la hora de acercarse a éstos, y de comprender que no todo el mundo puede ser un lector especializado; hay que saber hablar para muchos públicos. Cuando le hablas al estudiante de literatura el camino es más fácil, pero cuando no es así y tienes que presentar ante un público que no será especialista en el tema, tú tienes que tomar otro enfoque, tirar otra carnada para lograr la atención y, sobre todo, me parece imprescindible que el profesor sepa actualizar la lectura. No es posible dar a leer un texto del Siglo XVII o de la antigüedad y que todo quede ahí, no, eso tiene que tener alguna influencia en la vida del lector. Y de esta forma algo, aunque sea pequeño, quedará; ese algo formará una especie de colchón donde irán cayendo otras experiencias, y esa persona que no será un especialista, entenderá mejor otras cosas. A mí me parece, por ejemplo, que es muy importante acercarse a la televisión por más mala que ésta sea en todas partes. Porque el mirar la televisión te da criterios, te permite hacer valoraciones de por qué es mala; la posibilidad de ver en qué consisten los errores de la televisión y de los medios en general. Se trata de aprender a leer el mundo, de eso se trata y es lo que debe tratar un profesor de literatura. No solamente hacer que el receptor ame los libros, sino que ame la interpretación que ese libro le puede dar para su mundo, para su vida. Aprender que todo en realidad es un texto, la sociedad es un texto, un tejido; las cosas se van comunicando unas con otras, van teniendo relaciones y por eso respeto tanto a los profesores de primaria. Porque son los más responsables en este caso, son sagrados, ¡son los que enseñan a leer! El profesor de primer grado debiera ser un ídolo, debiera ser ¡el mejor pagado de todos!, pero no lo es, la sociedad no lo ha descubierto todavía. El profesor que enseña a leer al niño es una de las personas más importantes en la vida del ser humano. El profesor universitario recibe, entonces, un joven a quien le enseñaron a pensar.

—Y si resulta difícil enseñar literatura, más aún, ¿por qué hacer investigación literaria?

Hay que hacer investigación literaria por dos razones: primero, las técnicas de la escritura cambian y hay que tener un hilo mental del desarrollo; del porqué cambian, ¿qué relación tienen esos cambios con el nivel de conocimiento de las diferentes épocas? El profesor tiene que investigar para sí mismo, para poder entender mejor los procesos literarios. El mundo nuestro que cada vez gira más rápido, que cada vez da a conocer más cosas, las investigaciones te brindan otras maneras de ver el texto. Lo que pasa es que la investigación no sustituye a la lectura nunca; la lectura del texto es fundamental. La investigación siempre debe venir después. Yo siempre digo que la crítica con la que no estás de acuerdo enriquece más al investigador, porque con la crítica que estás de acuerdo tu lectura se vuelve repetitiva, mientras que la otra puede ofrecerte una cosa en la que no has pensado, o bien, te obliga a sentarte a revalorizar tus argumentos, tu manera de enfocar ese texto. Porque al final eso es la literatura: otra manera de acercarse al mundo.

El Quijote tiene nombre: Esperanza
(Segunda parte de la entrevista con Nilda Blanco)

CAPÍTULO III

Que trata de Nilda Blanco y su salida al mundo para enfrentarlo


—En este sentido ¿Cree usted que la literatura deba cumplir una función social?

¡Cómo no! Y una función importantísima además. No creo que el texto deba cumplir una función social a la manera en que se presentaba en el Siglo XIX. A lo largo de la historia han estado estas dos posiciones: si la literatura debe entretener o debe ir más allá. Mientras más personas sepan pensar mejor será la sociedad. Será más compleja, sí, pero mejor. Porque habrá mayores posibilidades de intercambio, de que existan diferentes grupos de pensamiento. La literatura puede dar ese nivel, no digo que sea la única capaz de otorgarlo. Al igual que pasa con el cine, no todo lo que sale es bueno. ¡En el cine menos! Porque hay un tipo de cine que se
hace como los chorizos…como los chorizos no, porque son ricos, pero es un cine que se hace mecánicamente solamente para mantenerte en la violencia, en el terror por el terror, en el morbo por el morbo, eso no enriquece a nadie naturalmente. Yo creo que la literatura sí cumple una función social importante porque enriquece al individuo

—Usted ha trabajado a profundidad la obra de Cervantes y, en especial, El Quijote ¿Qué es lo que particularmente le atrae de esta obra y de la literatura del Siglo de Oro español?

Es una época que a nosotros, los latinoamericanos, los americanos en general (los del norte y los del sur, desde El Río Bravo hasta La Patagonia), nos importa mucho porque ahí están nuestras raíces, nuestro momento de despojo, por una parte, y de creación de nuevas sociedades por otra. Es un momento histórico que hay que entender muy bien porque siempre debemos saber de dónde venimos y saber qué momento vivía el país que nos colonizó. Ese momento para mí es crucial para el entendimiento de mi realidad. Incluso yo he dicho, en algunas oportunidades, que tengo un Quijote vivo en mi país; Fidel Castro es un soñador, un Quijote que quiere transformar el mundo. Que no se pueda transformar por razones que todos conocemos y que son muy complejas de explicar, eso es otra cosa. Pero es un soñador con el que yo estoy de acuerdo. El Quijote es un libro que me enseña muchas cosas de mi realidad personal, de mi realidad cubana, incluso de los errores que se han cometido, de las cosas que no han pasado, de los momentos trágicos y dramáticos de la novela y de mi vida en estos 50 años. Antes solía decir “ahora vamos por el capítulo tal” cuando pasaba algún suceso, y veía una relación entre el texto y mi propia realidad. Cuando fui estudiando literatura comencé a internarme más en ese siglo fundamental. Por otra parte, no se puede encontrar la línea de desarrollo de la novela (que es uno de los géneros más importantes en la actualidad), no se puede leer a Borges sin conocer a Cervantes, no se puede leer a Carpentier sin conocer a Cervantes, ¡a Dostoievsky!...ellos bebieron de ahí. Incluso hubo un tiempo en España, en el momento de lo que llamaban ellos la “Generación X”…yo leía en los periódicos que lo que pasaba en la literatura española, ese bajón en los 70´s, era que (según algunos críticos que se atrevieron a plantearlo) los jóvenes escritores no leían el Quijote, que no sabían lo que tenían en su origen. Y efectivamente, a veces encuentro gente que escribe, les pregunto “¿tú has leído el Quijote?” y me contestan que no. Yo me pregunto cómo pueden escribir cuando hay muchas soluciones narrativas que están ahí. Y digo, no tienen que buscarlo en el Quijote, pueden buscarlo en otras obras. Pero el Quijote aúna muchos orígenes de problemas en su propia escritura: el tiempo, las soluciones de espacio, el tópico del viaje, etc. Es un momento fundamental. Al mismo tiempo están apareciendo en América las crónicas que son tan importantes para nuestra cultura y éstas están escritas por españoles de esos siglos de oro. Entonces hay que conocer ¿Por qué razón está citado Lope de Vega en una novela carpenteriana?, por ejemplo. Es un momento de génesis de la novelística. Y lo mismo pasa con Quevedo, tanto como poeta como prosista: ¿Qué cosa son Los Sueños sino el retrato de una sociedad? ¿Qué cosa es Pablo? Nosotros vivimos en un mundo de picaresca; nuestro mundo es de engaño, de la astucia, de sobrevivir, de ¡sálvate! Ahí está la génesis de nuestro mundo, aunque también podrías decirme “también está en Italia” y yo te contestaría “Sí, también, pero el italiano no es mi lengua”.

—En cuanto al Quijote como personaje, usted acaba de decirme que lo ve encarnado en Fidel Castro, también ha comentado que lo ve presente en los niños o en héroes como Ernesto Guevara…

Porque son esperanzas. Son gente que quiere cambiar el mundo, entonces, a lado de esa gente me voy. Lo que pase después de que me fui, bueno, lo que ha pasado en estos cincuenta años…pero no veo en el mundo otra manera de vivir si no es a lado de los soñadores, de los que quieren que mejore el clima, que mejore la naturaleza, que mejore el ser humano, que se atienda a los niños, que se atienda a los ancianos, que no seamos como caracoles. Y esto yo lo veo en muchos países donde cada quien vive con sus problemas y con su incomunicación. Y es lo que yo planteaba ayer en el análisis de Pedro Páramo: es verdad que somos una sociedad compleja donde se crean lazos, pero también se pudieran crear lazos contra el opresor. Hombre, que no es el momento del desarrollo, que no hay una conciencia, etc. pero también tengo que pensar que muchas cosas han sucedido. El hecho de ver la literatura a través de los siglos te otorga una capacidad de relacionar (que es lo que planteaba Brecht y lo que planteaba Galileo): la gente tiene que saber que las cosas no son inamovibles, que las cosas no son eternas, que las cosas pueden cambiar…¡Ah!, pero las tenemos que cambiar nosotros.

— ¿Cuál cree que pueda ser el valor de un libro como el Quijote en este tiempo en que el lector promedio busca novelas fácilmente digeribles, de lectura ágil acorde a este mundo en que todo gira muy rápido?


Ese es uno de los grandes problemas para lograr la lectura del Quijote. Yo he tenido ahora una experiencia preciosa en mi país, porque he tenido un grupo de estudiantes (instructores de arte) de los cuales he logrado que seis o siete se lean completo el Quijote conmigo, página por página. Le hemos dedicado meses enteros, sin embargo ha sido muy reconfortante porque esos estudiantes me han dicho que su vida ha cambiado, que su mundo ya no es igual y que ya no ven las cosas de la misma manera. Yo me atrevería a decir que hay profesores universitarios en la rama de las humanidades que no se han leído la novela y eso es imperdonable. Yo tenía un amigo muy querido, Amauri Carbón, un profesor de mi facultad que murió. Él siempre me decía “¿Cuqui, por qué no reescribes el Quijote de una manera que ahora pueda ser atractiva?” Yo le contesté: “No, las cosas hay que leerlas como son, lo mismo pasa con las personas, hay que quererlas como son. Yo no puedo cambiar a una persona porque yo la ame, eso es uno de los errores que tenemos los seres humanos. Lo que sí hay que hacer es incitar de alguna manera, y ese alguien tiene que amar profundamente el texto. Porque hay que aprender a valorar lo que es diferente. Mucha gente viaja a Grecia a ver el Partenón, o viene a Yucatán a ver los centros ceremoniales mayas; se viaja para ver los edificios aunque en la actualidad ya no se construya así. Por lo tanto leer el Quijote no es leer “algo que ya no se escribe así”. Imagínate en el siglo XXV ¿ya no se leerá a los autores del boom? Hay que aprender a decodificar la literatura. Por eso nunca se ha podido llevar el Quijote al cine de forma exitosa; la mejor versión cinematográfica del Quijote son los cómics, y esto se da porque el lenguaje del cine no alcanza. Quizá habría que leer el Quijote desde Borges, a través de Cortázar… ¡porque todo está ahí!, buscar otras lecturas.

—Otra de sus líneas de investigación es la literatura hispanoamericana del siglo XX. Luego de las vanguardias y del “boom” latinoamericano (los movimientos más significativos del siglo ¿Hacia dónde cree usted que puede evolucionar la literatura latinoamericana?

En estos momentos no existe un movimiento como los de antes. Existe una difuminación y cada uno tiene una poética diferente. Desde mi punto de vista esto tiene que ver con la realidad, con el nivel de desarrollo; la sociedad ya no trabaja en proyectos. Encontramos escritores aislados y de eso se han encargado los medios y la ideología dominante. Ya se habla de posmodernidad o neobarroco sin que se haya concretado la modernidad. Y bueno, resulta que la gente sigue a escritores como Coelho y uno se pregunta ¿Por qué lo siguen las masas?, estamos embutidos en el cine de entretenimiento, en las telenovelas, la gente lee menos (y por lo mismo los libros se vuelven más caros)…en fin, no hay poéticas compartidas porque la realidad no es así, sin dejar de señalar que tenemos grandes escritores como Saramago ¡la ceguera que existe en toda la humanidad!
El boom fue, en parte, una invención editorial, esto sin dejar de tomar en cuenta que había elementos que los convertían en un grupo (aunque cada cual tuviera una poética distinta). El fracaso de la revolución francesa dinamitó el hecho de que los escritores dijeran “al carajo con las historias, yo me voy para adentro”.
El mundo está dinamitado y se atacan las identidades. A lo mejor estamos muy cerca de una nueva ola y no alcanzamos a verla porque estamos muy cerca y pensando que la característica de las poéticas del siglo XXI es que no tienen características.

EPÍLOGO

El entrevistador refiere en esta parte que Nilda Blanco sonríe tras la conclusión de la entrevista, su conversación sigue igual de amena y coloquial. No es sino hasta después de un momento en que se levanta de la mesa para ofrecer té. Un cigarro despide la conversación y el entrevistador se dispone a salir de la casa. Sin embargo, vuelve sobre sus pasos, ha olvidado algo. Sorpresa. La doctora Nilda Blanco no aparece por ningún lado.
En esta parte de las hojas, no alcanza a leerse con precisión qué es lo que el entrevistador refiere. El doctor Rubén Reyes Ramírez tampoco ha podido descifrar, sin embargo, un poco más abajo, puede leerse, con tinta muy opaca: Nilda volvió al libro de donde salió.


Cide Hamete Benengeli